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BANIN PREPARA EN SU DEBUT EL MÁS CRUENTO ATAQUE A LOS PLANETAS

BANIN PREPARA EN SU DEBUT EL MÁS CRUENTO ATAQUE A LOS PLANETAS
El teclista y guitarrista Banin Fraile, miembro de Los Planetas entre 1997 y 2024, publicará su debut en solitario, 'Plutón ya no es un planeta', un disco en el que aborda su traumática salida del grupo granadino y la degradación progresiva de su relación con la banda. El músico, que actualmente forma parte de la formación de refuerzo de Carolina Durante, ha hablado abiertamente de lo que califica como mobbing y de una dinámica interna marcada por lo que describe como cortar cabezas cuando había problemas. Según explica, la primera vez que le echaron fue hacia 2003 o 2004, cuando J se presentó en su casa para culparle de todo lo que iba mal en el grupo. Aquel episodio le hizo ver que era el eslabón más débil y que había que encontrar un cabeza de turco. A partir de ahí, relata una relación completamente descompensada, con un reyezuelo que dominaba los territorios conquistados y los demás como cortesanos intentando que se animara. 'Las canciones del agua' se grabó, dice, en un clima de desajuste y separación total, hasta el punto de que a él y a Eric les dejaron fuera de la mitad del disco sin avisarles. La gota que colmó el vaso fue el anuncio de la gira de 30 aniversario de 'Super 8', de la que no sabía nada y a la que nadie le había convocado. Ahí decidió romper la baraja. Que me fuera o me echaran da igual, afirma, porque el mensaje que me enviaban en los últimos cuatro o cinco años era que ya no formaba parte de esto. Tras dejar el grupo pensó que la música a nivel profesional había terminado para él, pero una noche, mientras pasaba archivos al disco duro, cogió la guitarra y salieron los acordes de 'Bichos'. El disco, que cada canción refuerza con un cómic del dibujante Magius, incluye versos explícitos como 'cerdo que ha probado sangre siempre quiere más', aunque Banin insiste en que no será un ajuste de cuentas. En 100% seguro aborda a ese personaje que entra en dinámicas de poder destructivo, y en Maldición gitana reflexiona sobre la vulnerabilidad del músico de vocación ante los halcones que manejan el cotarro. El músico asegura sentirse increíblemente bien tras ese viacrucis y señala que estar en Carolina Durante también ha sido sanador.