CHAVELA VARGAS VUELVE AL CINE DE ALMODÓVAR EN LA VOZ DE AMAIA
Miguel de Molina, Luz, Ismaël Lô, las Pointer Sisters, La Lupe, Los Panchos, Caetano Veloso, Estrella Morente, Mina, Bola de Nieve, Cat Power, Sara Montiel, Lola Beltrán... La historia de amor del cine de Almodóvar con la música popular es uno de los idilios artísticos más bonitos de la historia de nuestro cine, repleto de momentos icónicos y reivindicaciones de canciones y artistas que se han sumado a su particular cosmos. Y es que entrar en una película de Pedro Almodóvar no es, de alguna manera, formar parte de un ecosistema emocional muy reconocible, un universo donde la música no acompaña, sino que narra desde las sombras. Por eso, cuando una canción suena en su cine, nunca es un adorno: es un personaje más, con su propia memoria y su peso dramático.
'Amarga Navidad', su nuevo largometraje, no iba a ser una excepción. El propio título de la película es ya una declaración de intenciones musicales: un bolero ranchero de José Alfredo Jiménez inmortalizado por Chavela Vargas, esa voz desgarrada que Almodóvar ha convertido en talismán a lo largo de su filmografía regalándonos en 'Tacones lejanos' (1991) otra versión, esta vez en la voz de Luz Casal, de 'Piensa en mí' que es una de las canciones más hermosas que se han grabado jamás en el cruce España-México. La canción que rescatan ahora habla de quien prefiere "matarnos poco a poco" en lugar de abandonar de una vez, y su espíritu atraviesa la película como una sombra que no cesa. Pero no es la única. En ese diálogo constante con la memoria musical, 'La llorona' —también en la voz inolvidable de Vargas, canción arquetípica de la cultura mexicana— aparece en un momento culminante, como un susurro que cierra el círculo emocional de la historia.
A este legado se suma una presencia contemporánea que amplía el espectro sonoro. La artista pamplonica Amaia participa en el proyecto con una doble implicación: interpreta un pequeño papel y, además, pone voz al tema principal. La canción elegida es 'Las simples cosas', la pieza compuesta en los años 60 por César Isella y Armando Tejeda Gómez, que décadas más tarde alcanzó nueva dimensión en la voz de Chavela Vargas. Amaia se acerca a ese legado con la emoción contenida que la caracteriza: su versión comienza sin acompañamiento, con la voz en primer plano, desnuda y expuesta, hasta que los arreglos de cuerda entran de forma progresiva. No hay artificio ni voluntad de exceso. Todo está medido para que la canción respire. Y en esa respiración, la interpretación encuentra su fuerza.
El abanico musical se completa con 'Libertango', de Astor Piazzolla, que introduce un contrapunto rítmico y sofisticado, y con la partitura de Alberto Iglesias, colaborador eterno del director, que aquí se repite a sí mismo en sintonía con las autorreferencias que atraviesan la película. Porque en 'Amarga Navidad' todo habla de la creación, y la música no es sino el latido de ese proceso.
Almodóvar, que tiene 76 años y siente que no le queda tanto tiempo, ha construido en esta obra un metarrelato sobre la ansiedad del autor frente a la página en blanco, sobre la salud mental y sobre la responsabilidad ética de la autoficción. Retoma un viejo relato de 'El último sueño' para retorcerlo hasta la extenuación, dibujando un autorretrato solitario de quien ha hecho de su cine un diálogo constante con las canciones que lo habitaron. En esa galería de ecos y voces, 'Amarga Navidad' se confirma como una nueva pieza en la cartografía sentimental de un director que nunca ha dejado de escuchar.
