BAD BUNNY ENCUMBRA AL ESPAÑOL A LO MÁS ALTO DE LOS GRAMMY
'En una noche donde la música debía ser el único lenguaje, una voz en español resonó con la fuerza de un pueblo. Bad Bunny, al recibir el Grammy al 'Álbum del Año' por 'Debí tirar más fotos', no solo hizo historia como el primer artista en lograrlo con un trabajo completamente en español. Levantó ese trofeo como un estandarte en contra de los vientos de división y las políticas antimigratorias que figuras como el fascista Donald Trump han intentado normalizar en EE.UU. Su dedicatoria fue un manifiesto claro: 'Quiero dedicar este premio a todas las personas que tuvieron que dejar su tierra natal para seguir sus sueños'. En esa frase, 'Benito' encapsuló la esencia de una lucha. Fue un reconocimiento directo a la comunidad inmigrante, a esa fuerza vital que, persiguiendo sueños, construye naciones y redefine culturas desde la marginación. No fue un simple agradecimiento; fue una reivindicación política.
Su discurso, comenzando con un orgulloso recordatorio del tamaño de Puerto Rico, fue un acto de resistencia cultural. Al afirmar 'somos mucho más grandes que 100 por 35', desbordó las fronteras físicas y las limitaciones impuestas por discursos de odio. Este triunfo, por tanto, no es solo un hito musical. Es una validación poderosa, lograda desde dentro del corazón del imperio cultural estadounidense, de que el español y las comunidades que lo hablan son indetenibles. Es la prueba de que la música latina, forjada en la experiencia diaspórica, puede ser el motor global que él mencionó. Al honrar a 'todos los latinos en el mundo entero y todos los artistas que estuvieron antes', Bad Bunny tejía un linaje de resistencia. Cada 'gracias' era un golpe contra la idea de que lo inmigrante es una amenaza; la convirtió, con el trofeo en mano, en una fuerza creadora y dominante.
Incluso la simbólica entrega del premio por Harry Styles, quien lo venció años atrás, cerró un círculo de reconocimiento que trasciende la rivalidad. Fue la constatación de que la persistencia de una comunidad, su arte y su verdad, finalmente abren las puertas que algunos quieren cerrar. Bad Bunny usó el púlpito más global para decir, sin nombrarlo, que las paredes ideológicas de Trump y su legado de exclusión se derrumban ante el talento, el trabajo y el espíritu indomable de quienes dejan su tierra. Este Grammy, por ello, es mucho más que un premio a un álbum. Es un monumento sonoro a la diáspora, un recordatorio de que, desde la periferia lingüística y social, se pueden conquistar los centros de poder y redefinir lo que significa ser 'el mejor'. Es la victoria de un sueño inmigrante colectivo, cantado en español, celebrado en Los Ángeles, y dedicado a cada alma que tuvo el coraje de buscar un futuro lejos de casa.'
